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20 Febrero 2020 - Historia

Nuestra cosecha alimenta a nuestros niños en las escuelas

“…Que no sean productos en los que se utilizan muchos químicos, porque entre más queremos recuperar a un niño, más le hacemos daño. En cambio, estos productos tratamos de que sean orgánicos”. Juan Xinic (JX)

 

En la comunidad de Vipatná, Chajul, Quiché, hay un productor local que se ha involucrado de lleno en cultivar alimentos de alta calidad para distribuirlos en las escuelas cercanas. Su nombre es Juan Xinic y esta es su historia.

 

Juan tiene 37 años y desde hace aproximadamente 4 dispuso dejar de trabajar como contador, para dedicarse a la siembra de hortalizas. Decidió cambiar de oficio porque para él es muy importante el contacto con la naturaleza y, como asesor contable, pasaba muchas horas encerrado y frente a la computadora. Tal decisión implicó un alto riesgo, pues no sabía si sería capaz de producir y vender lo necesario para generar los recursos económicos que necesitaba. Sin embargo, resultó ser la mejor decisión de su vida.

 

“Estoy contento con lo que hago, yo disfruto estar acá…Soy feliz” (JX).

 

Tiene una cuerda y media de terreno, que está muy bien aprovechada y es muy productiva. Ahí siembra frijol, cebolla, lechuga, hierbabuena, repollo, tomate, papa, etc.  En su municipio, netamente Ixil, las familias acostumbran a sembrar milpa y frijol, para su propio consumo. El cultivo de productos frescos queda relegado para quienes se dedican a venderlos y, muchas veces, consumirlos constituye un lujo para las familias, pues algunos de ellos no se venden localmente, sino que se trasladan hacia otros departamentos del país.

 

Desde hace algún tiempo, Juan es parte del proyecto Nuestra Cosecha, de Save the Children, el cual tiene como objetivo vincular a los productores locales con los centros educativos y, con ello, contribuir con la efectiva aplicación de la Ley de Alimentación Escolar. Se busca que las escuelas reciban productos frescos, recién cosechados y que los productores no tengan que colocar sus cosechas fuera de la comunidad. De esta forma se evitan los gastos de traslado, que encarecen los productos y disminuyen las utilidades.

 

“El proyecto consiste en (fortalecer) la economía local. Que uno produzca su producto y que el dinero circule en el medio. Por ejemplo, que se venda en las escuelas” (JX).

 

Juan afirma que el involucramiento de los productores locales en la alimentación escolar contribuye a una alimentación saludable y pertinente para los niños, pues ellos procurar no usar químicos durante el proceso de cultivo y producen abono orgánico.

 

“Si yo contamino acá, estoy contaminando el planeta.  Si estoy haciendo un favor, un poquito, estoy haciendo un favor a todos” (JX).

 

Para poder vender en las escuelas, los productores tienen que cumplir con una serie de requisitos:

  • estar acreditados por el Ministerio de Agricultura Ganadería y Alimentación (MAGA);
  • aparecer inscritos en la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT);
  • emitir facturas y pagar impuestos;
  • ofrecer productos de calidad, que cumplan con las normas sanitarias y, preferentemente, orgánicos;
  • cumplir con los horarios de entrega.

 

El apoyo que Save the Children presta a los productores locales consiste en contactarlos con las escuelas, invitarlos a ferias y congresos y darles acompañamiento técnico en lo relativo a su relación con los centros educativos.

 

“Es una gran motivación.  Me ha motivado, por ejemplo, en mi invernadero… Gracias a Save the Children me están reconociendo. Económicamente sí está ayudando grandemente” (JX).

 

Juan manifiesta que tiene planes para seguir invirtiendo en su emprendimiento personal, pues sabe que va a recupera su dinero.  Tiene la ilusión de extender su negocio y seguir ofreciendo productos de calidad que sean requeridos por las escuelas y el mercado local. Esta seguro que la alianza entre centros educativos y productores locales beneficia el desarrollo comunitario.

 

“Estoy agradecido con Save the Children, porque nos está quitando la timidez, nos está ayudando a abrir puertas”. 

“Ya estamos siendo reconocidos…Antes éramos desconocidos, tenemos relación con otras escuelas… Ellos mismos nos están felicitando” (JX).

 

Según comenta Juan, existen más productores interesados en formar parte del proyecto, pero necesitan de asistencia técnica y capacitación para lograr cumplir con todos los requisitos y poder acercarse a las escuelas y vender sus productos. Está convencido de que, para que las comunidades se desarrollen, es necesario unirse, apoyarse y generar oportunidades locales.

 

“Muchas personas, digamos, se van a los Estados Unidos, pienso yo que es por falta de oportunidades. Por ejemplo, ahorita yo no tengo idea de irme allá, sino que mejor voy a producir.  Obviamente se me mete en la cabeza que mi capital es el suelo y hay que aprovecharlo.  Lo bueno de eso es que no tienes un límite de sueldo, está en tus manos cuánto quieres ganar” (JX).

“…Que no sean productos en los que se utilizan muchos químicos, porque entre más queremos recuperar a un niño, más le hacemos daño. En cambio, estos productos tratamos de que sean orgánicos”. Juan Xinic (JX)

 

En la comunidad de Vipatná, Chajul, Quiché, hay un productor local que se ha involucrado de lleno en cultivar alimentos de alta calidad para distribuirlos en las escuelas cercanas. Su nombre es Juan Xinic y esta es su historia.

 

Juan tiene 37 años y desde hace aproximadamente 4 dispuso dejar de trabajar como contador, para dedicarse a la siembra de hortalizas. Decidió cambiar de oficio porque para él es muy importante el contacto con la naturaleza y, como asesor contable, pasaba muchas horas encerrado y frente a la computadora. Tal decisión implicó un alto riesgo, pues no sabía si sería capaz de producir y vender lo necesario para generar los recursos económicos que necesitaba. Sin embargo, resultó ser la mejor decisión de su vida.

 

“Estoy contento con lo que hago, yo disfruto estar acá…Soy feliz” (JX).

 

Tiene una cuerda y media de terreno, que está muy bien aprovechada y es muy productiva. Ahí siembra frijol, cebolla, lechuga, hierbabuena, repollo, tomate, papa, etc.  En su municipio, netamente Ixil, las familias acostumbran a sembrar milpa y frijol, para su propio consumo. El cultivo de productos frescos queda relegado para quienes se dedican a venderlos y, muchas veces, consumirlos constituye un lujo para las familias, pues algunos de ellos no se venden localmente, sino que se trasladan hacia otros departamentos del país.

 

Desde hace algún tiempo, Juan es parte del proyecto Nuestra Cosecha, de Save the Children, el cual tiene como objetivo vincular a los productores locales con los centros educativos y, con ello, contribuir con la efectiva aplicación de la Ley de Alimentación Escolar. Se busca que las escuelas reciban productos frescos, recién cosechados y que los productores no tengan que colocar sus cosechas fuera de la comunidad. De esta forma se evitan los gastos de traslado, que encarecen los productos y disminuyen las utilidades.

 

“El proyecto consiste en (fortalecer) la economía local. Que uno produzca su producto y que el dinero circule en el medio. Por ejemplo, que se venda en las escuelas” (JX).

 

Juan afirma que el involucramiento de los productores locales en la alimentación escolar contribuye a una alimentación saludable y pertinente para los niños, pues ellos procurar no usar químicos durante el proceso de cultivo y producen abono orgánico.

 

“Si yo contamino acá, estoy contaminando el planeta.  Si estoy haciendo un favor, un poquito, estoy haciendo un favor a todos” (JX).

 

Para poder vender en las escuelas, los productores tienen que cumplir con una serie de requisitos:

·       estar acreditados por el Ministerio de Agricultura Ganadería y Alimentación (MAGA);

·       aparecer inscritos en la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT);

·       emitir facturas y pagar impuestos;

·       ofrecer productos de calidad, que cumplan con las normas sanitarias y, preferentemente, orgánicos;

·       cumplir con los horarios de entrega.

 

El apoyo que Save the Children presta a los productores locales consiste en contactarlos con las escuelas, invitarlos a ferias y congresos y darles acompañamiento técnico en lo relativo a su relación con los centros educativos.

 

“Es una gran motivación.  Me ha motivado, por ejemplo, en mi invernadero… Gracias a Save the Children me están reconociendo. Económicamente sí está ayudando grandemente” (JX).

 

Juan manifiesta que tiene planes para seguir invirtiendo en su emprendimiento personal, pues sabe que va a recupera su dinero.  Tiene la ilusión de extender su negocio y seguir ofreciendo productos de calidad que sean requeridos por las escuelas y el mercado local. Esta seguro que la alianza entre centros educativos y productores locales beneficia el desarrollo comunitario.

 

“Estoy agradecido con Save the Children, porque nos está quitando la timidez, nos está ayudando a abrir puertas”.

 

“Ya estamos siendo reconocidos…Antes éramos desconocidos, tenemos relación con otras escuelas… Ellos mismos nos están felicitando” (JX).

 

Según comenta Juan, existen más productores interesados en formar parte del proyecto, pero necesitan de asistencia técnica y capacitación para lograr cumplir con todos los requisitos y poder acercarse a las escuelas y vender sus productos. Está convencido de que, para que las comunidades se desarrollen, es necesario unirse, apoyarse y generar oportunidades locales.

 

“Muchas personas, digamos, se van a los Estados Unidos, pienso yo que es por falta de oportunidades. Por ejemplo, ahorita yo no tengo idea de irme allá, sino que mejor voy a producir.  Obviamente se me mete en la cabeza que mi capital es el suelo y hay que aprovecharlo.  Lo bueno de eso es que no tienes un límite de sueldo, está en tus manos cuánto quieres ganar” (JX).